Esta entrada semanal trata sobre un día que cada uno recuerda de una forma particular, y no siempre es el mismo para todos. Hablo cómo no del cumpleaños. Ese día que se celebra el momento en que viniste a este mundo.
Tus padres se acuerdan de ese momento como si fuera ayer, y con razón. Es un día muy especial que suele traer alegría. Sin embargo esta reflexión trata de cómo se ha ido transformando a lo largo de los años.
Cuando éramos pequeños se solía celebrar con ilusión en algún parque recreativo (en mi caso particular, el nenos que con tanto cariño recuerdo), y aunque los regalos que nos hacían los amigos de la infancia eran importantes, no tanto como su compañía.
Pero eso se ha ido perdiendo con el paso de los años. Cada vez prima más el qué regalar que el propio hecho de estar con esa persona a la que tanto se aprecia.
Y esto es en gran medida causado por los medios de internet, que como bien dice el dicho, acercan a los lejanos, pero alejan a los cercanos.
¿a vosotros qué os parece?
Para mi, mi cumpleaños es una mega fiesta de la hostia, sabes lo que te digo.
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